Game of Thrones 7×02: Espolón de proa

Game of Thrones 7×02: Espolón de proa

Si la tanda de episodios que veremos en este año de ‘Game of Thrones’ iba a ser tan corta como se había prometido, sus ‘showrunners’ Benioff y Weiss tenían que tener un plan especial para contar tanto en tan poco espacio. Por lo que hemos visto en este segundo episodio, la ejecución de dicho plan pasa por presentarnos eventos que normalmente veríamos en un tramo final de temporada ya en el segundo episodio de la presente. Lo comentamos a continuación.

No se puede tener todo lo que se quiere. En lugar del genérico “Stormborn”, al que no se hace referencia directa o indirecta en todo el capítulo, este episodio bien pudiera haberse titulado así. Al menos porque todas las tramas de los principales personajes que han transcurrido en paralelo han tenido en común la necesidad de renunciar a algo a corto plazo para obtener un objetivo mayor a largo. Eso igual ha hecho que la impresión inicial que uno obtiene del episodio es que no va a terminar de explotar, que parece que la acción se pospone una vez más, pero llegados al final del mismo se coge por sorpresa al espectador y saltan los fuegos artificiales.

¿A qué renuncia Daenerys Targaryen (Emilia Clarke)? Pues a actuar como una dragón, en favor de una posterior paz y continuidad de los Siete Reinos bajo su mando. Ni ha ajusticiado a aquellos que han demostrado tener una lealtad cambiante, ni ha hecho arder Desembarco del Rey a primeras de cambio. En su lugar, se ha dejado llevar por el consejo de su Mano de la Reina, Tyrion Lannister (Peter Dinklage), más favorable a una estrategia militar con la que ya está más familiarizado. A pesar del desacuerdo de los representantes de Dorne, la Flota del Hierro y el Dominio entre sus aliados.

Aunque hemos de decir que toda la escena en la que se hace pasar las de Caín a Lord Varys (Conleth Hill) está forzada en escena por una necesidad de guión mal traída. No sabemos cómo resolverá el escritor George R.R. Martin la necesidad de endurecer a Daenerys una vez llegada a Poniente, pero en pantalla se ha querido mostrar su creciente autoritarismo utilizando de herramienta a un personaje que no era meritorio del tratamiento que se le ha dado. Si bien al menos se le han otorgado una serie de líneas que permitan que conserve la dignidad y la integridad que caracterizan a la Araña, nos ha parecido que querer mostrar al mismo tiempo que la Madre de Dragones como una reina que escucha a sus aliados y es dura con ellos ha sido contraproducente a la caracterización del personaje.

Caso contrario ha sido el de Jon Nieve (Kit Harington), que intervención mediante de Melisandre (Carice van Houten) en este episodio y de Samwell Tarly (John Bradley) en el anterior, se reunirá con ella. Si en el anterior episodios decíamos que se forzaba la animadversión entre él y Sansa Stark (Sophie Turner), era porque aún no teníamos este capítulo como contraste. A pesar de que ella reincida en oponerse a todas sus decisiones, él sabe que en su ausencia es la única digna de liderar el Norte en su ausencia, no solo es una Stark sino que además ha demostrado ser la más hábil de la familia en la política. Jon ha renunciado a su seguridad y al liderazgo de sus banderizos en favor de una posibilidad real de plantarles cara al Rey de la Noche y sus Caminantes Blancos.

Lo que nos lleva a la más pequeña de los Stark con vida, Arya (Maisie Williams). ¿Renunciaría ella a su campaña de venganza contra Cersei Lannister (Lena Headey) por reunirse con su familia? En una primera instancia podríamos pensar que si, que toda la obsesión por acabar con sus enemigos jurados nace por verse sola en el mundo y que volverá a una Invernalia que de nuevo es coronada por los estandartes de sus legítimos dueños. Pero ese confuso encuentro con Nymeria nos ha dado que pensar. Su naturaleza no es esa, ya no es parte de la manada de lobos, ahora tiene otro objetivo en la vida. Básicamente lo que se ha querido aportar es una serie de curvas a una línea entre Arya y Cersei que el pasado episodio parecía completamente recta, un cierto debate interno a algo que ya dábamos por hecho. Comprensible.

Como también Sam tiene que elegir entre seguir la jerarquía de la Ciudadela o hacer algo por darle una última esperanza a Jorah Mormont (Iain Glen) para sobrevivir y servir una última vez a su reina. En una escena de cirugía de extracción de tejidos cutáneos afectados por la psoriagrís intercalada con la que comentábamos anteriormente de Arya, que se inicia con dos comerciantes comiendo empanada, vemos al antiguo cuervo saltándose una vez más las reglas en favor de hacer lo correcto. Muchos ya dábamos por perdido a Jorah, a decir verdad, siendo lo del pasado episodio por nuestra parte considerado como un guiño final, pero aún parece tener un último papel que jugar.

También una última disyuntiva que hemos de comentar antes de hablar del explosivo final es la que Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau) plantea al cabeza de los Tarly, ser fieles a su vasallaje a los Tyrell y enfrentarse a la regente o ser fieles a la Corona y actuar como principal fuerza militar para los Lannister contra sus antiguos líderes. Dado el deseo de Olenna Tyrell (Diana Rigg) por ver arder todo, así expresado a Daenerys al aconsejarle que actúe como la dragona que es, puede que lo que en un momento nos pareciese imposible esté más cerca de la realidad. Y que más de uno de los aliados con los que técnicamente cuenta Daenerys en realidad ya no le sirvan de nada.

Porque dada la derrota total de la fracción de la Flota del Hierro que capitaneaba Asha Greyjoy (Gemma Whelan) junto a su hermano Theon (Alfie Allen) a manos de la otra fracción que lideraba el tío de ambos, Euron (Pilou Asbæk), pone en peligro toda la empresa de la conquista de Poniente. Con las Serpientes de Arena aniquiladas, Ellaria Arena (Indira Varma) capturada y toda la flota de Pyke que les apoyaba destruida, el asedio de Desembarco del Rey es imposible tanto por tierra como por mar. Eso si, por fin hemos tenido una de las batallas que tanto nos gusta ver en pantalla en ‘Game of Thrones’. No vamos a negar que en un principio ha tenido un tono un tanto paródico con el abordaje de Euron a la nave insignia de su sobrina, pero su desarrollo y conclusión ha tenido toda la tensión que pudiéramos esperar de una de estas escenas.

Lo que nos deja aún más expectantes que nunca por cómo se desarrollarán los eventos del próximo episodio. Si antes el apoyo del Rey en el Norte a la causa de Daenerys Targaryen era algo deseable por parte de esta última, pero no tanto como para menoscabar su posición obligándole así a doblar la rodilla ante ella, la diezma de sus aliados la obliga a necesitarlo a él tanto o más de lo que él la necesita a ella. La balanza parecía muy inclinada en contra del bando de Cersei, pero al haber jugado sus cartas de forma adecuada ahora está mucho más equilibrada que en un inicio.

Seguiremos al tanto, sin duda alguna.

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