Game of Thrones 7×04: Flee, you idiot

Game of Thrones 7×04: Flee, you idiot

El cuarto capítulo de la presente tanda de episodios de ‘Game of Thrones’ supone el ecuador de este año y no se ha querido desaprovechar la ocasión, tocaba sacar la pirotecnia y ofrecer el espectáculo que muchos estaban esperando. Comentamos el último episodio emitido a continuación.

Habremos de iniciar nuestra crítica del último episodio de la serie introduciendo dos consideraciones iniciales. La primera, que es una suerte coincidir temporalmente en esta etapa como analistas de televisión con series como ‘Game of Thrones’, el poder escribir sobre el show semana a semana es un placer casi a la altura de ver la serie. La urgencia por ponerse a teclear al respecto nada más terminar el episodio sólo es superada por la de ver el capítulo en cuanto este está disponible. Pocas series tienen una estructura y un público tan proclives al análisis, y en ocasiones sobreanálisis, semanal. Queríamos hacerlo constar.

Lo que también queríamos dejar sobre el papel es que, porque afirmemos que este cuarto episodio sea el del festival de la pólvora y el CGI y el que muchos espectadores ansiaban las últimas semanas, no le estamos dando la razón a todos aquellos que a los cinco minutos de concluir el visionado de cada episodio ya afirmaban que “no había pasado nada”. Al contrario, carecen de todo tipo de lógica dichas afirmaciones. Por mucho que nos guste la pirotecnia, todo artificio ha de contar con una mecha que permita realizar el encendido de forma lógica y segura, si pretendiésemos encender el artefacto y que se lanzase instantáneamente lo más probable es que resultase en una explosión que nos volase las extremidades. Con ‘Game of Thrones’ ha pasado lo mismo, para llegar a este punto se ha construido una sucesión de eventos que aportan lógica narrativa a los que hoy hemos presenciado.

Por ejemplo, no hubiese tenido la misma carga dramática el reencuentro final entre los tres Stark, Sansa (Sophie Turner), Arya (Maisie Williams) y Bran (Isaac Hempstead Wright), si no hubiese habido cierto escalonamiento y no hubiésemos comprobado las disyuntivas a lo largo de camino que han tenido que solventar. Muchos pensábamos que Arya daría la vuelta y se encaminaría a Desembarco del Rey, algo que apunta el propio Bran, pero finalmente se ha optado por darle un mínimo de felicidad fraternal a una familia Stark que ha sufrido más que ninguna. Además, escenas anteriores como la de la impersonalidad adquirida del ahora Cuervo de Tres Ojos o posteriores como la del entrenamiento de Arya con Brienne de Tarth (Gwendoline Christie), hacen ver las diferencias entre el recuerdo que cada personaje tenía de sus hermanos y la realidad que se han encontrado tras años de diáspora.

Otro reencuentro, aunque no tan esperado y mucho menos amigable, ha sido el de un Jon Nieve (Kit Harington), que este episodio se ha quedado en el banquillo, con Theon Greyjoy (Alfie Allen). Las posturas entre el Rey en el Norte y Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) cada vez son más cercanas tras el haber encontrado los dibujos rupestres de los Hijos del Bosque en Rocadragón. Si dos especies tan diferentes como estos y los Primeros Hombres pudieron apartar sus diferencias para unirse en contra de un enemigo común, los Otros y su Rey de la Noche, dos líderes bienintencionados como Jon y Dany podrán hacer lo propio. A falta de resolver el asunto de doblar o no la rodilla ante la heredera de los Targaryen, claro está, y de que esta termine de una vez por todas con los Lannister.

Algo que visto el avance de la guerra y la pérdida sucesiva de aliados por parte del frente llegado de Essos pensábamos que podía tardar algo más de lo esperado. Pero la fuerza combinada de diez mil dothraki y la potencia armamentística que otorga un dragón adulto como apoyo aéreo de artillería a la caballería terrestre siempre es algo a tener en cuenta. Ni la superioridad táctica de los ejércitos Lannister y Tarly combinados pueden hacer frente a tal poderío militar, de la misma forma que los ándalos no pudieron hacerlo ante la llegada de Aegon I El Conquistador. Algo que Tyrion Lannister (Peter Dinklage) es incapaz de celebrar aunque para él sea una victoria, puesto que en el bando contrario tiene demasiada gente querida, como su reina le ha señalado minutos atrás.

No en vano el comandante en jefe no es otro que su hermano Jamie Lannister (Nikolaj Coster-Waldau) y la mano derecha de este, ejem, su antaño mejor amigo y confidente Bronn (Jerome Flynn). Los únicos que han tenido el coraje y la pericia de plantar cara a Daenerys y hasta dañar a su dragón, mediante la hábil puntería de este último y la gallardía imprudente del primero, que casi le cuesta la vida. No llega a ser rescatado en el último momento por una misteriosa figura, probablemente Bronn o un Dickon Tarly (Tom Hopper) que está ganando experiencia en el campo de batalla a la fuerza, y en este momento nos estaríamos lamentando de la muerte de otro ‘fan-favourite’ por enésima vez. Muchos hemos sufrido con esa escena, lo garantizamos.

Lo que nos deja en un punto narrativo envidiable de cara a los tres episodios restantes que veremos este verano. Cersei Lannister (Lena Headey) había quedado en muy buena posición frente al Banco del Hierro y su representante Tycho Nestoris (Mark Gatiss) al asegurar el pago al completo de la deuda que su administración había contraído con la entidad crediticia. La más reciente de las derrotas de su ejército igual pone en peligro dicha alianza. Y Jon no podrá pasarse mucho más tiempo compartiendo experiencias con Missandei (Nathalie Emmanuel), por muy edificante que ello sea y mayor perspectiva le de sobre cómo es Daenerys, ya que los Caminantes Blancos están a las puertas de los Siete Reinos.

Veremos cómo avanza todo.

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Capitán Valverde
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