¿Hasta qué punto es conveniente alargar la vida una serie?

¿Hasta qué punto es conveniente alargar la vida una serie?

Cuando nos decidimos a empezar esa serie de la que tanto hemos oído hablar solo tenemos una idea en mente: dame algo que no haya visto antes, algo que no sepa que me apetecía ver y que, a partir de ahora, necesite ver cada semana.

El problema llega cuando empiezas a sudar del agobio que te produce, treinta temporadas después, que sigan emitiendo capítulos que sabes que no vas a tener ganas de ver.

¿Cuándo resulta obvio que una serie ha llegado al punto de no retorno y su mejor opción es decir adiós?

Sabes que algo va mal en el  momento en que te conviertes en un experto en el arte de ignorar la existencia del fatídico día de la semana que trae consigo un nuevo episodio de ‘Pretty Little Liars’, ‘2 Broke Girls’ o ‘Revenge’ y ‘Glee’ en su día. Y sabes que la situación es irreversible cuando tienes 7 capítulos pendientes y pocas ganas de ponerte al día. Es entonces cuando rezas a los dioses con la esperanza de que alguno comparta tu sufrimiento y haga entrar en razón a quienquiera que crea que es una buena idea seguir renovando por cuarenta temporadas más una serie que ya no tiene más que ofrecer.

Y te preguntas, ¿por qué sigo viendo una serie que ya no me aporta nada? Pero la respuesta es tan evidente que casi te dan ganas de ver esos 7 episodios del tirón con la esperanza de que algo haya cambiado.

Lo cierto es que la pregunta más apropiada sería: “¿por qué destrozáis mis series favoritas, avariciosos?” Porque, no sé vosotros, pero yo prefiero llorar con un maravilloso cierre después de una serie corta pero intensa a llorar porque me da pena ser testigo de lo terriblemente repetitivas que son todas y cada una de las tramas después de cincuenta años siguiendo la misma serie. ¿Estáis preparados para ver las aventuras de Aria (Lucy Hale), Spencer (Troian Bellisario), Hanna (Ashley Benson) y Emily (Shay Mitchell) con vuestros hijos? Sé que yo no.

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Friends’ ya apuntaba maneras con esos diez años de emisión, pero convertirse en la reina y referencia por excelencia de las sitcom ha hecho que le perdonemos cualquier cosa, incluido ese spin-off que pretendía que nos interesásemos por la vida de un Joey (Matt LeBlanc) que poco tirón tenía sin un Chandler (Matthew Perry) con el que contrastar su particular forma de ver la vida.

Dexter’, ‘Desperate Housewives’, ‘Gossip Girl’ o ‘Misfits’ son solo algunas de las series que renunciaron a ese final redondo que la audiencia merecía para intentar mantener unos números que inevitablemente acabaron volviéndose en su contra. Esto normalmente dirige a un final precipitado no acordado previamente y que termina siendo un conjunto de despropósitos que lo único que consiguen es desesperar a un espectador que, después de tantos años y tanta espera, es inevitable haya creado sus propias expectativas. Unas expectativas que muy probablemente nunca lleguen a cumplirse. Y si no preguntad a cualquier seguidor de ‘Revenge’, ‘How I Met Your Mother’ o, sin necesidad de que vayamos tan lejos, ‘Los Serrano’.

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¿Es necesario llegar a este punto? ¿Saben las cadenas a qué se arriesgan cuando renuevan por tres temporadas al mismo tiempo? ‘The Big Bang Theory’ seguramente pensó que le había tocado la lotería con esa decisión, y aunque sus números siguen siendo positivos, la calidad de sus tramas es innegablemente inferior y la esencia con la que arrancó la serie pasa al olvido en muchos más capítulos de los que serían convenientes.

Todas las series nacen para contar una historia, pero no todas las historias dan lo mismo de sí. Lo ideal sería que lo importante fuese contar esas historias y cerrar el chiringuito una vez ya no queda nada más que decir. Y no lamentarse por ello. Porque quedarse sin historias que contar no es necesariamente malo si los hilos con los que empezaste a tejerlas terminan correctamente entrelazados; y regalar temporadas a una audiencia que te ha seguido fielmente no es sinónimo de éxito, es sinónimo de obligarles a preguntarse por qué se engancharon a esa serie en un primer momento.

Es evidente lo que pesa más a la hora de renovar una serie pero, ¿qué es realmente lo importante? ¿La opinión de la audiencia, un final a medida o acumular el máximo de temporadas posible hasta que deje de colar?

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