How To Get Away With Murder 4×01: Libertad

How To Get Away With Murder 4×01: Libertad

¡Por fin vuelve la serie más enrevesada y adictiva de la televisión! Hemos tenido un comienzo quizá más flojito que los anteriores, pero como ya sabemos aquí las cosas se lían en menos que canta un gallo.

Nuestra querida Annalise Keating (Viola Davis) ha vuelto, y tras todos los infartantes acontecimientos ocurridos la temporada pasada, decide reunir a sus hijos pródigos en una lujosa cena en la que tiene algo que contarles. No sabremos qué hasta casi el final del episodio, pero con esta mujer no suelen ser cosas buenas…

Por su parte, Laurel (Karla Souza) lidia con su padre, confesándole que ha abortado. Ella es perfectamente consciente de las atroces acciones ejecutadas por su padre, pero por el momento la muchacha decide no jugar esta carta, a pesar de las que ganas que tiene de cantarles las cuarenta, merecidamente, tal y como deja entrever ese mensaje no enviado en el que directamente le pregunta ‘Why did you kill Wes’?

Michaela (Aja Naomi King) y Asher (Matt McGorry) parecen disfrutar de la vida, hasta el punto de cambiar de colchón (se ve que lo gastan demasiado con su pasión desenfrenada). Pero poco dura este tierno momento de pareja, ya que el sempiterno mensaje de Annalise citándoles les cambia la cara. Michaela, acostumbrada ya a los malos augurios, se pone en la peor situación. ¿Y quién puede culparla, verdad?

Agradecemos por tanto ese punto más liviano y cómico que sigue aportando Asher a la serie, uno de los personajes que posiblemente más haya evolucionado a lo largo de las temporadas, sin perder eso sí su esencia descarada y canalla.

Mientras, Oliver (Conrad Ricamora) y Connor (Jack Falahee) están pasándolo de miedo de fiesta en fiesta. A pesar de la decepción del informático por no haber sido invitado a la cena, Connor sabe perfectamente que casi mejor así, eso que se ahorra. Choca bastante ver a estos dos tan bien, cuando particularmente ha sido una de las parejas más tóxicas y con mayores altibajos de la serie. Esta situación de estabilidad incluso con visos de boda resulta sorprendente, pero tendremos que, por el momento, dejarnos llevar por lo que nos pueda ofrecer esta serie.

Bonnie (Liza Weil), en cambio, parece seguir empeñada en trabajar y trabajar, dispuesta a salvarle el culo una vez más a su jefa y amiga. Cuál es su sorpresa cuando descubre, además, que Frank (Charlie Weber) ya tiene planes de futuro para ella en forma de una posible nueva asociación. Quizá por eso resulta todavía más inquietante la decisión que toma al final. ¿Hay algo que desconocemos? ¿Es simple despecho?

Annalise, la gran protagonista y más que nunca de este episodio, ha vuelto a casa, como el turrón por Navidad. Este episodio ha servido de fantástica exposición para relatarnos su complicada situación familiar, con la abuela padeciendo de demencia y finalmente asumiendo, pese a la negativa inicial, que hay que ingresarla en un centro de cuidado especializado. Nos han dado tiernos y duros momentos en este capítulo.

Pero vamos a la chicha, esa gran cena casi bíblica en la que cual Judas Annalise les cede la libertad a sus estudiantes preferidos, a sus pupilos consagrados, a sus compañeros de crimen. Una libertad que genera disparidad de sentimientos en cada uno de ellos. El de Connor era el más obvio, agradecido y emocionado, solamente puede decirle a Annalise “gracias por venir”. Michaela, en cambio, harta de usos y abusos, decide cabrearse, considerando, no erróneamente, que es una forma de tirarlos a la basura, ya que tras todo lo que han hecho, a ver qué vida laboral les espera. Asher, cuya opinión se halla en un limbo que todavía no está muy claro, concluye alegando que quizá una cena lujosa no es la forma más consecuente de anunciar algo así. Tampoco le falta razón, la verdad.

Laurel, cuya noticia de seguir adelante con el bebé conmociona a la mesa, parece hallarse en un standby algo extraño. Simplemente coge la carta de recomendación que Annalise les ha dado a cada uno de ellos y se va.

Pero la gran sorpresa, y no te creerás lo que pasó a continuación, viene cuando, ¡tachán!, también hay cartita para Bonnie, un regalo que ella considera envenenado, y no es para menos, propiciando con toda seguridad la decisión que ella toma al final.

El ‘cliffhanger’ que nos deja este episodio ha sido probablemente uno de los menos espectaculares que nos ha dado esta serie, ya que al no tener por el momento un caso abierto, los 40 minutos se han limitado a centrar las piezas del juego nuevamente, crear un par de conflictos menores y darnos a conocer la situación familiar de Keating. Veremos cómo prosigue todo, pero tenemos fe en que nos sigan regalando giros increíbles y resoluciones fascinantes.

¿A vosotros qué os ha parecido la vuelta de HTGAWM?

Yer
Yer
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