La mejor comedia, y algún drama, se hace en animación

La mejor comedia, y algún drama, se hace en animación

¿La comedia televisiva ha muerto? Es probable. Al menos tal y como la conocíamos, en el omnipresente formato de ‘sitcom’ o en derivaciones posteriores, pero no para desaparecer sino para transformarse en algo distinto. Tiempos oscuros invitan a reflexiones oscuras, hasta en los formatos que solían ser lo que nos alegraba las semanas, haciendo que se pierda la esencia de la risa como elemento diferenciador de la comedia. Sin embargo, aún queda un último bastión: la animación.

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Por mucho que los formatos de media hora estén proliferando por doquier, viviendo este año una explosión de contenido con series como ‘One Mississippi’ en Amazon, ‘Atlanta’ y ‘Better Things’ en FX o ‘Insecure’ en HBO y teniendo a ‘Girls’ y ‘Transparent’ en boca de todo el público y crítica, nos cuesta relacionar esto con una edad aúrea de la comedia. Principalmente por el hecho de calificar a estas series como tal. Por mucho que adopten la duración de las series cómicas tradicionales, ni su fondo ni su forma apunta a la carcajada como meta. Ni son la vertiente clásica de ‘Frasier’, ‘Friends’ o ‘Seinfeld’ ni tampoco la renovadora de ‘3o Rock’, ‘Parks and Recreation’, ‘Community’ o ‘The Office’.

A título personal, da cierta rabia presenciar entregas de galardones a ese tipo de series en las categorías de comedia – véase ‘Atlanta’ en los Globos de Oro de la pasada semana – cuando lo que estas ofrecen cada vez se aleja más de la misma. La puerta que Louis C.K. en ‘Louie’ dejó entreabierta otros la han tomado al asalto olvidándose de su faceta cómica como elemento diferenciador. Que sean buenas historias, la mayoría de ellas completamente personales e intimistas, no significa que sean buenas comedias. Y aquí entroncamos con el planteamiento de nuestro título: ¿qué ha sido de las buenas comedias? ¿A dónde se ha de dirigir un espectador que busque una serie de calidad pero que al mismo tiempo le haga reír como se supone que ha de hacerlo un show cómico?

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Ante esta pregunta muchos responderían, con razón, que ‘Brooklyn Nine-Nine’, ‘Unbreakable Kimmy Schmidt’ o la reciente ‘The Good Place’ son el camino. Con razón. E incluso las nuevas ‘Fleabag’ o ‘Search Party’ son interesantes adiciones para dar un toque de variedad a la mezcla. Pero eso no impide que lo veamos insuficiente, especialmente en un mundo televisivo subyugado por los grandes dramas. Sin embargo, ante esa tiranía dramática si que tenemos una resistencia efectiva, siendo el mundo de la animación para adultos contemporánea un refugio para todos aquellos que busquen series que les hagan reírse como antaño.

Todo esta reflexión surge de la constante presión de los fans de ‘Rick and Morty’ para que sea emitida cuanto antes la elusiva tercera temporada de esta serie, por muchos meses esperada y que siempre parece inminente pero de la que no vemos el momento de reencontrarnos con ella. No deja de ser curioso que una serie de animación de ciencia ficción paródica, en un canal tan secundario como Comedy Central y de mano de un creador tan metarreferente – y por ello segmentario – como Dan Harmon esté generando tanto ruido y tanta expectación. Como si hubiese una necesidad social generalizada entre los espectadores que a día de hoy el resto de la programación televisiva no supiese llenar adecuadamente, como si fuese algo que solo ‘Rick and Morty’ supiese ofrecer. Y nosotros nos aventuramos a adelantar de qué se trata. La Comedia. Así, con mayúsculas.

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De todos los tipos y colores, desde la más disparatada como la propia ‘Rick and Morty’ a la más familiar como ‘Bob’s Burgers’, ‘happy place’ oficial de la televisión norteamericana, pasando por la ya longeva ‘Archer’ que sigue siendo la referencia dentro de todo este mundillo. A día de hoy prácticamente ninguna serie de acción real es capaz de provocar la risa y otorgar el entretenimiento constante que esas tres si son capaces de dar desde distintos frentes. Quizá esto se deba a una crisis de ideas, el haberse encontrado con un techo creativo que la animación aún no ha hallado, o quizá al nulo miedo a arriesgar que tiene esta última como contrapartida a la comedia tradicional.

En este sentido, dicen los fans de ‘South Park’ que su serie ha encontrado en sus más recientes temporadas su mejor momento, a pesar de contar ya con veinte años a sus espaldas, como si perteneciese a esta generación que hoy defendemos como mayor garante de la comedia televisiva. Y si alguien duda de nuestra afirmación sobre el mal momento de la comedia en televisión, especialmente en las ‘networks’, sirvan la cancelación de ‘Galavant’ en ABC y la existencia de ‘Man with a Plan’ y ‘Kevin Can Wait’ en CBS como ejemplos – algo falaces, eso sí – de lo que decimos. Que la primera desaparezca y que a las dos siguientes siquiera se le de luz verde es sintomático de lo desnortada que está la brújula cómica en televisión. Quizás que el drama esté fagocitando a la comedia no es más que la selección natural televisiva, en la que los géneros fuertes y mejor adaptados depredan sobre los débiles.

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Lo que no exime a este tipo de series de ser influenciadas por la oleada dramática que afecta a la comedia. La propia ‘Rick and Morty’ ofreció al público su mejor momento en el final de su segunda temporada dando una nota agridulce al destino de Rick Sánchez, sacrificándose por una familia que le considera un egoísta, y ‘BoJack Horseman’ se ha convertido en una de las mejores series de la actualidad – en general, sin acotar a la animación – por convertirse en un dramón con todas las letras. Su retrato de un hombre – un caballo, en realidad – engullido por su propio ego y su necesidad de ser el centro de atención la ha convertido en una heredera involuntaria de ‘Mad Men’. Imaginad lo mucho que tomamos en serio a la animación para ser capaces de escribir esta última frase sin dudar lo más mínimo.

Pero, a diferencia de la supuesta comedia de acción real que ha realizado su internamiento definitivo en el drama, ‘BoJack Horseman’ jamás ha olvidado que también debe hacer reír. De ahí su constante doble juego con el mundo animal y el humano, su parodia constante y sangrante del Hollywood más rancio y sus personajes cada cual más disparatado que el anterior. Probablemente su episodio ‘Fish Out of Water’ sea uno de los más experimentales que ha visto toda la televisión en el pasado año, una audacia solo posible en servicios como Netflix, y no la vemos en las listas de lo mejor del año porque aquellos instalados en su torre de marfil de la crítica son incapaces de salir por un momento de su discurso preestablecido. Hasta aquí por hoy.

Y a continuación:

J.D. Salinger presents,

 

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Capitán Valverde
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