Final de la 1ª temporada de ‘Wet Hot American Summer: First Day of Camp’

Final de la 1ª temporada de ‘Wet Hot American Summer: First Day of Camp’

¿Habéis tenido tiempo de ver todos ya la gamberrada que Netflix ha orquestado con una cantidad inimaginable de estrellas del cine y la televisión? La oportunidad que el servicio ‘video-on-demand’ ha tenido al realizar una precuela de la comedia de culto ‘Wet Hot American Summer’ se ha traducido en una de las series con más humor absurdo del año, una rareza que no pasará desapercibida para casi ningún espectador. Comentamos cómo han resultado los ocho episodios de los que se compone, con ciertos ‘spoilers’ aunque estos bien poco importan, a continuación.

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¿Por dónde empezar? Esta sucesión de eventos sin lógica ni concierto, en el sentido más positivo de la expresión, ha sido una especie de reunión de amigos entre gente famosa del cine y la televisión para hacer el ridículo y pasárselo bien. Ha sido criticada por no tener un argumento definido, por apenas darle desarrollo a personajes con actores del más alto nivel y por presentar un humor que no es para todos los entendimientos y gustos. ¿Importa acaso? A la serie no, eso seguro.

Casi podríamos realizar un test de personalidad a los espectadores con respecto a qué trama de qué personaje es su favorita. Porque quien solo fuera parte del adorno de la película original como Elizabeth Banks, de la que he afirmado en múltiples ocasiones que es un tesoro internacional y la industria debería mimarla como tal, ahora tiene una de las tramas más locas, interesantes y autoparódicas de la serie. Que por ella parezca que no pasan los años lo hace aún más impresionante.

Hay quien ha visto ‘Into the Woods’ y no le han venido de nuevas las dotes musicales de Chris Pine, pero un servidor se ha sorprendido gratamente de que el personaje oculto que se guardaban estos episodios tuviese un número musical tan satisfactorio, Precisamente su trama con Elizabeth Banks nos ha mostrado a una pareja con mucha química en pantalla y sin miedo a poner en pantalla unas líneas que se burlan de los clichés del cine de los ochenta.

Aunque si decíamos que por Banks no pasaban los años, por Paul Rudd simplemente circula una magia negra ancestral que le mantiene con un aspecto tan juvenil como hace quince años. Su compañera Marguerite Moreau, que mantiene el protagonismo que tenía en la película original, sigue siendo deslumbrante pero lo de su interés romántico en esta serie es un caso de estudio. Se nota también la subida de caché y el ascenso al estrellato del actor en los últimos años con el número de minutos en pantalla asignados a este.

Quizá nos hubiésemos quedado con las ganas de ver una reunión de ‘Mad Men’ en la serie, al contar con John Slattery, Jon Hamm y Rich Sommer pero no verlos en la misma escena en ninguno de los ocho episodios. Aunque las escenas que estos han tenido con Amy Poehler, Christopher Meloni y Josh Charles respectivamente han merecido la pena. Precisamente este último, ahora fuera de ‘The Good Wife’ tiene uno de esos personajes villanescos que se quedan en la memoria. Una pena que no tuviese aún más interacciones con Kristen Wiig, que hacía poco más que unos cameos.

Cameos que hemos tenido en cantidades industriales. Michael Cera acabó protagonizando uno de los segmentos más entretenidos – ya decimos segmentos porque la sensación que a uno se le queda es la de haber estado viendo una serie de ‘sketches’ unidos temáticamente – como joven abogado, con un duelo interpretativo a lo adaptación de novela de John Grisham con Bruce Greenwood. Mucho más interesante que toda la trama de Bradley Cooper, por cierto.

Ocho episodios que se hacen cortos y que superan con mucho el material original. Ojalá Michael Showalter no se hubiese dado tantos minutos a si mismo en el guión y los hubiese vertido en explotar a H. Jon Benjamin, que terminó reducido una vez más a actor de voz – maestro en la materia, ya que protagoniza ‘Archer’ y ‘Bob’s Burgers’ – interpretando a una lata de verduras en conserva vacía. Aunque lo bueno es que hemos podido ver a la impresionante Lake Bell pasearse por el Campamento Firewood, lo que es positivo.

Todo lo que digamos de experimentos de Netflix como este va a sonar a poco. Bebe mucho de todo ese espíritu de ‘Saturday Night Live’, en el que espectador tiene un doble juego con el producto que se le ofrece, ya que no solo se ríe con lo que se le presenta sino que genera cierta complicidad con esto al ver a los actores de mayor nivel haciendo lo más absurdo que se le pueda ocurrir al guionista. Todo condensado en cuatro horas de metraje perfectas para ver del tirón.

Que nos traigan ya el próximo experimento, por favor.

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