Game of Thrones 7×06: El peligro tras el muro

Game of Thrones 7×06: El peligro tras el muro

Los hechos se suceden con inusitada rapidez en el penúltimo episodio de esta temporada. Las piezas están ya casi situadas en el tablero y, desde luego, el episodio final puede ser apoteósico como pocos, pero antes… comentemos lo ocurrido esta semana.

Nuestro peculiar equipo suicida recorre la fría estepa, dispuestos a cazar al caminante blanco necesario para que Cersei (Lena Headey) crea en su existencia y se deje de exterminar pueblos para su goce y beneficio. Durante la caminata, se producen interesantes (incluso divertidas) conversaciones entre ellos, tal y como ocurre por ejemplo con Tormund (Kristofer Hivju), quien acostumbrado a las situaciones duras y a las heladas más difíciles, afirma sentirse como en casa, a pesar de que nuestro querido Jon también debería estar habituado dada su procedencia. Nos quedamos pues con la conclusión de que, a pesar de todo, como bien apuntan ellos, lo mejor de la vida siempre será echar una canita al aire.

Hemos de destacar inexcusablemente la relevante conversación entre Jon (Kit Harrington) y Jora (Iain Glen). Snow viene bien preparado, y le recuerda a Mormont que Garra, la espada que ahora porta él, siempre le ha pertenecido. Sin embargo, con el paso del tiempo la espada sufrió un cambio significativo en su empuñadura, y es que el oso, emblema de la Casa Mormont, fue sustituido por el lobo que representa a los Stark. Quizá precisamente por esto, o porque en el fondo Sir Jorah respeta a Jon, decide que debe quedarse con la espada, que ahora ya forma parte de él. Recordemos asimismo que el pobre de Jorah cometió fallos en el pasado que hicieron que su familia le diera la espalda, y ahora su única misión en vida y su objetivo primordial es servir a Danaerys (Emilia Clarke) (de lo de salir de la ‘friendzone’ ni hablamos, ¿verdad?).

Por su parte, trasladando la acción a Invernalia, Arya (Maisie Williams) y Sansa (Sophie Turner) intercambian duras palabras. Está claro que el tiempo y las circunstancias las han cambiado, máxime teniendo en cuenta que ya de pequeñas eran polos opuestos. Mientras la pequeña de los Stark disfrutaba practicando su esgrima y convirtiéndose en una guerrera, la mayor se regocijaba en joyas y lujos. El tiempo no solo las ha alejado más, sino que las ha reconvertido. Así, Sansa se ha convertido en una buena estratega y política en la que Jon confía, y quizá por ello esperemos que sea ella la que se percate de la sucia estratagema de Meñique (Aidan Gillen), ya que al menos a Arya se la ha colado hasta el fondo. Posiblemente tengamos más sobre esto en el final de temporada.

Más de uno hemos incluso temido por la vida de Sansa, cuando su hermana se le acerca, cuchillo en mano, recordándole todo lo que ha sufrido. Se intercambian pues varios reproches la una a la otra, y es que tanto el punto de vista de Arya como el de Sansa son perfectamente entendibles. Ambas han sufrido de formas muy diversas, y casi parece una batalla dialéctica para comprobar con quién la vida ha sido más perra. Así, mientras la pequeña opta por la violencia y el derramamiento de sangre, Sansa está ya harta de ver gente fallecer muchas veces por motivos absurdos, por lo que opta por el diálogo, por intentar cambiar las cosas de forma distinta. Con todo, la conversación refleja una amenaza velada por parte de la pequeña, quien le cede el cuchillo a su hermana. La advertencia parece clara: «mucho cuidadito con lo que haces, que tengo ojos en todas partes».

Muy lejos de allí, Tyrion (Peter Dinklage) y Danny conversan al calorcito de la hoguera. Nuestra rompedora de cadenas parece ya algo cansada de los héroes que sacrifican su vida. Algo lógico, recordemos cómo terminaron todos aquellos que en su día ejercieron una labor heroica para permitir que ella siguera con vida (Khal Drogo, Daario, Jorah y ahora Jon). Estos dos últimos, de momento, siguen con vida, pero nuestra querida khaleesi teme por ellos, especialmente por uno (guiño, guiño). ¿Y qué tienen en común todos ellos, aparte del sacrificio? Que todos se han enamorado de ella. Esto plantea una reflexión interesante para la domadora de dragones, que posteriormente fructificará en un salvamento draconiano al límite.

Todos podemos pensar que, en este punto, Tyrion se ha mantenido siempre a un lado de las batallas (o casi siempre), actuando desde la sombra y planeando las estrategias, por lo que bien podría tildarse de cobarde, como él parece reflejar. Danaerys le responde afirmando rotunda que no lo hubiera elegido si lo considerase un cobarde. Una palmadita en la espada muy necesaria para él, que parecía haber perdido cierta confianza en sí mismo a raíz de los recientes acontecimientos y reveses del destino.

Adelantándose al futuro, la Mano de la khaleesi ya piensa en los devenires, informando de que debería elegir un sucesor inminentemente. Sin embargo, ella no parece tan preocupada aún por ello, alegando que primero debe portar la corona, y luego ya se decidirá. ¿Tendrá ya en mente algún elegido? ¿O simplemente prefiere no pensar en ello? ¿Su seguridad se tambalea? Y lo que es más importante, y es algo que algunos tememos… ¿portará finalmente la corona cuando se aproxime el final o la serie nos la jugará haciéndonos sufrir?

Pero basta ya de conversaciones, pasemos al momento más tenso del capítulo. No ya solo nos referimos a ese combate contra el, llamémosle, oso zombi que deja muy malherido a Thoros (Paul Kaye), sino del posterior enfrentamiento con los caminantes blancos, que dejan a Jon y su escuadrón suicida en el medio y medio de un lago helado, completamente sitiados. La situación queda así en un ‘standby’ en el que ninguno de los dos bandos mueve un dedo.

Por suerte, nuestro Jon fue más listo, ya que haciendo uso de sus dotes de estratega antes envia a Gendry (Joe Dempsie) de vuelta para que así pueda dar aviso de su situación y pedir auxilio. Omitamos lo rápido que llega el muchacho a su destino y permitamos que la serie haga nuevamente uso de sus peculiares elipsis temporales.

La situación en el lago se complica cuando, mediante un oportuno lanzamiento de piedra, todos se percatan de que el hielo ha vuelto a la superficie, permitiendo así que los caminantes prosigan su avance y haciendo que muchos temamos por la vida de todos nuevamente, especialmente de Jon. Durante esta espera, por cierto, tenemos que lamentar la baja de Thoros, que es incinerado allí directamente.

 

Antes de proseguir y llegar al clímax del episodio, detengámonos un momento nuevamente en el Muro, donde Sansa recibe una invitación de Desembarco del Rey. Parece que Cersei quiere parlamentar. Pero claro, Sansa, vistos sus antecedentes con dicha familia, prefiere quedarse y en su lugar envia a Brienne (Gwendoline Christie) a que interceda en su lugar. Ella, claro, no parece muy convencida (es que en el fondo quería seguir entrenando a su pequeña padawan Arya). Sin embargo, la decisión de Sansa es definitiva. Esto plantea una situación muy interesante: por un lado, se podría pensar que la Stark hace uso de una especie de cobardía negándose a volver a ver a la cruel mujer que durante tanto tiempo le hizo la vida imposible. Pero los espectadores lo vemos de otra forma, al menos los que pensamos que Brienne y Jaime (Nikolaj Coster-Waldau) se entienden más que bien. Vamos, que el reecuentro entre estos dos es inevitable y esperado. Ahora bien, ¿será nuestra querida Brienne de Tarth capaz de hacer entrar en razón al Lannister, que sigue absolutamente cegado por los dudosos encantos de la Reina? Desde luego, si alguien puede, debería ser ella. Esperamos, también, que en el episodio final descubramos la verdad acerca de ese cuestionable embarazo de Cersei, uno que resulta difícil de creer, y más conociendo el historial de mentiras y engañifas que porta a sus espaldas esta mujer. Shame.

Ahora sí que sí, vamos a la epicidad, a esa batalla encarnizada y helada en la que el rey de los caminantes blancos, con gran puntería, alcanza a Viserion y lo derriba, para lamento de muchos fans. Incluso casi tenemos que lamentar la caída de otro de los dragones de Danny, quien acude al combate en el segundo más oportuno, cuando una segunda lanza helada casi derriba a Drogon. Ante la desesperada situación, Jon les pide a todos que se marchen, montados en los dragones restantes aún con vida, mientras él, ejerciendo ese papel de héroe sacrificado nuevamente, se queda para ganar algo de tiempo y facilitarles la huida. Jon, cariño, ya te hemos perdido una vez, ¡deja de cometer heroicidades absurdas! Estas situaciones no pueden ser buenas para nuestros pequeños corazoncitos.

Sin embargo, y para sorpresa y fascinación nuestra, aparece… ¡Benjen! (Joseph Mawle) El tío de Jon acude nuevamente a salvar a su familiar, recordemos que esta no es la primera vez que salva de un fatídico fin a su familia. Sin embargo, ahora sí que sí, parece ser la despedida definitiva de tío Ben (y no, no hablamos de Spiderman).

Cuando ya todo parece haberse calmado y algunos incluso nos hemos olvidado del dragón tristemente fallecido, los caminantes blancos, cadenas mediante, lo rescatan del agua y, voilá, la guerra da un giro a favor de ellos, ahora tienen un dragón. Esto plantea posibilidades muy interesantes a la par que preocupantes para nuestros queridos humanos. Veremos, así, un enfrentamiento entre Viserion y su dueña… es más, ¿veremos cómo combate contra sus propios hermanos dragones? Sin duda, va a ser muy duro.

Antes de finalizar este recap, comentar que, sorprendentemente, no hemos tenido tantas bajas como cabía esperar, dadas las circunstancias, al menos esta semana. ¿Se están guardando las muertes preocupantes para el final de temporada o bien llegarán vivos a la última temporada todas las piezas relevantes? ¡En una semana lo descubriremos con una season finale de casi hora y media de duración! ¿Qué opináis vosotros del episodio? ¿Os habéis acostumbrado ya a las cada vez más frecuentes elipsis? ¿Pensáis que todo va muy rapido o estáis gozando como enanos de la temporada? ¡A comentar!

 

4 comments
Yer
CONTRIBUTOR
PROFILE

Quizás te pueda interesar...

¡Comenta el capítulo con nosotros!